Sin salir de casa se conoce el mundo. Sin asomarse ala ventana, se ve el Tao del cielo. Cuanto más se sale hacia fuera, tanto más pequeño es el conocimiento. Por eso, el sabio sin necesidad de salir, sabe todo. Sin necesidad de ver, tiene claridad. Sin necesidad de obrar, deja todo acabado.
Es cierto que cuanto más se conoce, más se ignora; cuanto más se amplía el conocimieto sobre algo, mayores son las dudas que surgen acerca del tema tratado.