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VICENTE DE LERINS

MARTIRIO, por Vicente de Lerins

MARTIRIO, por Vicente de Lerins

«Hace unos días me contaba Avelino Moratalla que los espías de la empresa para la cual trabaja le comenzaban a tener una cierta «ojeriza» que Avelino con esa afectación que le caracteriza corrío a definirla como «MARTIRIO». Además y por ello le dije que ese alias pertenece a una cantante y actiz española de flamenco, con peineta y gafas oscuras permanentes, que no se muy bien porqué a mí me recuerda siempre a la Niña de la Puebla; le manifesté a Avelino que ese nombre se reservaba cuando llevaba implícita cierta carga religiosa, no ajustada al trabajo que él desarrolla, que sería más certera, quizás, la palabra «TORTURA» que el diccionario de la RAE define como grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo, o el moderno término de «acoso».

¡Si es que Avelino es un buen hombre, caray! ¿Quién le puede hacer daño a Avelino Moratalla?

Y es que Avelino Moratalla trabaja como vigilante nocturno en una empresa de alta tecnología. Esta empresa para evitarle las largas y tediosas horas de la noche donde reina una quietud mineral en todo el edificio, tuvo la buena intencion de colocarle sobre su desvencijada mesa un ordenador con conexión a internet. Era una bomba trampa, un cebo, una sencilla y pueril golosina envenenada: En realidad sólo deseaban saber de Avelino qué lugares visitaba, que leía, y “cómo navegaba” por este mundo cibernáutico a sus años –tarado, casi un viejo prematuro–. Si lo utilizaba y buscaba una palabra en el Google...al día siguiente le amonestaban severamente por aquella busqueda...si decidía no volver a utilizar aquel extraño aparato, le volvían a reñir por no utilizarlo, por no aprovechar el pozo sin fondo de cultura que duerme en el limbo de internet...con las enormes ventajas que tenía aquello y Avelino Moratalla erre que erre sin utilizarlas. Ante la duda, Avelino levantó la boina marrón del uniforme, se rascó limando su mollera y decidió no utilizar aquel diabólico invento en toda su vida. En resumen: La empresa que vendía TECNOLOGÍA había perdido para in sécula seculórum un buen cliente amén de su familia y allegados: pésimo marketing.

Y es que Avelino Moratalla es un hombre de este siglo con hábitos decimonónicos y eso lleva a los espías de la empresa a la rabieta, a la crispación y al consiguiente enfado. El no comportarse como un verdadero homo ciberneticus les trastoca sus telemáticos y atolondrados cerebros. Avelino Moratalla no deja rastros. Avelino utiliza fiambrera donde porta la cena e infiernillo de alcohol para calentarla, nunca utiliza MICROONDAS. En vez de ver TELEVISION o viajar por INTERNET Avelino se agencia donde puede un buen LIBRO, con tipos de letra grande, forra con doble hoja de periódico sus pastas, y nada ni nadie sabe lo que puede estar leyendo. Las CÁMARAS DE VIGILANCIA cuando lo miran y escrutan no pueden leer sus pensamientos. Además Avelino gusta de escribir a mano, siempre sobre papel de cuaderno rayado, como los de antes, pues cuando hace pinitos con endecasílabos dice que le atormenta el blanco refulgente de los folios, el comenzar tembloroso de la mano, por ello no usa FOLIOS ni MÁQUINAS DE ESCRIBIR, ni por supuesto PC ni ORDENADORES, tampoco usa MÓVIL. Así, cuando Avelino cena en esa mesa de circunstancias, frente a un inútil ordenador apagado, piensa en Quijote, en Sancho, en Pijoaparte, en Celama, en el último Nadal, en Los Nobel y los noveles lejos de los ordenadores... ¿Qué más puedo decir de Avelino? ¿Cuántos Avelinos conocen?

En estos momentos yo escribo en este blog la historia de mi amigo Avelino Moratalla desde mi casa, donde poseo una conexión a internet de 4,1 Mbps. No vayan a pensar los MALPENSADOS ESPIAS que utilizo un mínimo recurso ajeno para ello». Enero de 2006

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