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VICENTE DE LERINS

LA MISION, por Paradojica Entelequia

LA MISION, por Paradojica Entelequia «Surgió de la oscuridad del rincón, como surge un rayo en la noche tormentosa, de improviso, súbitamente.
Atravesaba el gran salón con paso errático, discontinuo, arrítmico, haciendo crujir las viejas y ennegrecidas tablas que cubrían el suelo.
Llevaba los brazos ligeramente extendidos, formando un ángulo recto con su cuerpo, miraba con devoción casi fanática algo que parecía flotar sobre sus manos.
Se comía con la mirada aquello, defendía con sus ojos saltones la pieza, cuidaba con rápidos vaivenes oculares de que un posible traspiés diera con ella en el suelo.
Buscaba hipotéticos usurpadores en la negrura de la estancia, alertando al máximo sus sentidos, escudriñando el aire, barriendo paredes, techos, muebles y hasta el aire húmedo con su febril mirada inyectada en sangre.
Su vida, estaba dispuesto a dar su vida, hasta el último aliento, en defensa de su bien más preciado.
Debía llegar a la otra parte del salón, donde se divisaba una oscuridad más intensa si cabe que daba acceso a la seguridad para su tesoro. Desconocía qué iba a encontrarse allí, pero su instinto le guiaba.
Agudizó lo que pudo la mirada, acribillando la noche imperante en el recinto. Le dolían los bíceps de sostener tan leve peso, tanto cuidado ponía en la empresa. Sus dedos sujetaban aquello con delicadeza, pero con firme decisión de defensa.
Y si no era seguro el lugar? Qué haría? Y si su instinto le engañaba?
Un sudor frío resbaló por sus sienes. El gesto de sus finos labios grisáceos cambió y se tornó entre dudoso y asustado.
No hallaba un lugar seguro. Ningún sitio era lo suficientemente bueno para albergar aquello que miraba con adoración.
Había dedicado su vida a esa empresa, encontrar el lugar idóneo para guardarlo.
Cuántas veces había tenido que renunciar a sus deseos, incluso a necesidades casi vitales, por seguir la búsqueda. Y no hallaba el lugar.
El cansancio comenzaba a hacer huella en él, sentía terror ante los alarmantes aullidos de un cuerpo enfermo y viejo que le decía: detente.Pero no podía, no debía, era su misión, depositar en el lugar elegido aquel viejo vinilo de Tony Bennet.»
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